El modelo cuestionado de la calle Blai

La calle Blai, en el corazón del Poble Sec, ha dado un giro de 180 grados y se ha convertido en la rambla preferida de los extranjeros. Con apenas veinte metros de ancho, acoge una gran variedad de restaurantes y bares que permiten sumergirse en raíces de distintas culturas. Pero los vecinos no comparten la misma opinión.

Regina Reymer

La calle Blai es una vía estrecha, de uso peatonal, considerada la calle principal del barrio del Poble Sec. Se inicia en el cruce con la calle d’En Fontrodona y acaba en la esquina de la Plaza de los Ocellets. En sus 500 metros de extensión, alberga los comercios más significativos del distrito, con un amplio abanico de restaurantes y bares. Blai no ha sido siempre tan transitada. Hubo una época que fue una calle residencial exclusiva para el uso de la vivienda familiar. Pero su reciente popularidad la ha convertido en una zona comercial que la ha colocado en el ojo de la tormenta.

En la calle Blai, que desemboca en la avenida del Paral·lel de Barcelona, se encuentra de todo. Es una zona de encuentro que ofrece desde panes del día con la receta tradicional de toda la vida a panes ecológicos de espinaca y chía en el “Horno Santa Madrona”. Se puede hacer tapeo, pinchos o croquetas en “La Esquinita de Blai”. Pero si lo que se busca es un local de comida gourmet: “Malamén”, fusiona los tres paladares de sus dueños que provienen de Pamplona, Suecia y Venezuela. Las bebidas van desde frías con birras y cocktails a tés marroquís.

El acelerado crecimiento de los alquileres, la venta y el desalojo de sus habitantes son las consecuencias de la masificación del ocio y del turismo, que ya enfrentan los barrios de los otros distritos y que ahora le toca a Sants Montjüic. De hecho, los casi 40.000 vecinos del barrio, se han organizado desde hace algunos años a través de Alerta Poble Sec y de la Cooperativa Urbanística Raons Públiques. De momento, estos grupos mantienen un diálogo de negociación sobre la ordenación de las terrazas y el ruido de la calle Blai con el Ayuntamiento de Barcelona.

La peatonalización

Hace unas décadas en la calle Blai había solo un par de negocios y alguna bodega que atendía las necesidades de los vecinos debido a las bajas ganancias. “Antes la lucha era dotar de equipamientos públicos esta zona que se moría de vieja”, comenta el ex presidente de la Coordinadora de Entidades del Poble Sec, Josep Guzmán. Los pocos comercios que sobrevivieron, fueron la herencia de una tradición que paso de generación en generación. Como la centenaria Bodega Saltó, “típico bar de tapas, con mobiliario antiguo, en el que destacan viejas neveras de madera y decoración sobrecargada, con actuaciones en vivo”, cuenta el vecino Jaume Saéz.

Con la peatonalización de la calle Blai se cubrieron las necesidades del turismo gastronómico y nocturno, que le otorgó la consideración como uno de los nuevos barrios trendys según la revista británica Time Out. Pero con este proceso se cambió también la esencia de la vía y lo que saca de quicio a los vecinos es el incremento de la inseguridad, el bullicio, pero sobre todo la preocupación por el precio de las viviendas. Según cifras recogidas por la Asociación de Vecinos del Poble Sec, en la calle Blai de momento un piso de 50 metros cuadrados con dos habitaciones rodea los 1200 euros y hace unos años era alquilado por la mitad.

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Las terrazas se adueñan de la calle Blai y generan descontento de los vecinos.

Un poco de historia

En en el 2015, las vecinos de la calle Blai consiguieron la modificación de la ordenanza aprobada en el 2014, respecto al horario de funcionamiento de las terrazas. Se consiguió que el horario de apertura se redujera de 8 a 23 horas de lunes a jueves y los viernes, vigilias y festivos de 8 a 24 horas. Ese mismo año la justicia anuló la reducción del horario como consecuencia de un contencioso administrativo iniciado por los restaurantes del barrio. El juez que dictó la sentencia acusó al Ayuntamiento de Barcelona de “discriminar a los restauradores”. El 2017 ha significado un año de lucha y movilizaciones para los vecinos, que han buscado debatir la situación de las terrazas y horarios en la calle Blai. También se solicitó un informe de contaminación acústica al Ayuntamiento de Barcelona a lo cual la regidora del distrito, Laura López, manifestó su apoyo y aseguró que desde el gobierno municipal se “estudia el recurso con los servicios jurídicos para ver qué vía tenemos para ganar y garantizar la convivencia”.

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