El Poblenou contiene la presión turística

El Ayuntamiento de Barcelona ha anunciado que a partir de los acuerdos alcanzados con los vecinos, se detendrá la concesión de licencias hoteleras y de pisos de alquiler turístico en Poblenou. La decisión surge de la necesidad de frenar las consecuencias adversas del turismo en un barrio desbordado por cadenas hoteleras y precios excesivos de alquiler. El acuerdo se llama Repensem 22@.

Texto y fotos de Mariana Mejía

“El Poblenou era un barrio obrero que ha sufrido una transformación, pero aún existe lo que nosotros llamamos ‘caliu’ de barrio en los pocos vecinos que quedamos, y eso es lo que intentamos transmitir a todo el que llega”, asegura María Teresa Moreno, dueña de  la horchatería centenaria del Tío Ché. Moreno ha vivido toda su vida en el Poblenou y desde el mostrador ha sido una testigo de los dramáticos cambios introducidos por el proyecto urbanístico 22@.

En el año 2000 el Ayuntamiento de Barcelona impulsó un ambicioso plan urbanístico llamado el 22@. Consistió en rehabilitar 115 manzanas de zonas abandonadas del barrio el Poblenou donde se ubicaban antiguas fábricas. El proyecto buscó promover la llegada de empresas del sector servicios, tecnológico y hotelero. Además, incentivó la llegada de tejido productivo alrededor de las nuevas demandas del barrio, con oferta gastronómica y comercial para los nuevos residentes de la zona. En el último balance (2017), el Ayuntamiento de Barcelona mostró que durante dicho periodo el número de empresas en el barrio pasó de 3.437 a 8.823, y 93.000 empleados llegaron a la zona. El dramático cambio se ha reflejado en que el distrito se ha convertido en el epicentro de la llegada de grandes cadenas hoteleras -debido al cambio en los usos del suelo- con la construcción de más de tres decenas de hoteles.

A día de hoy, muchos califican el plan como un referente urbanístico mundial, pues logró importantes rehabilitaciones de las vías y edificios; al igual que la renovación del tejido social y económico de la zona. Otros califican al proyecto como desbordado y lamentan la pérdida de un barrio que parece desvanecer entre rascacielos. En octubre de 2017 Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, decidió negociar un nuevo acuerdo con trabajadores, vecinos y asociaciones vecinales de Poblenou. El pasado mes de noviembre se firmó el llamado Repensem 22@ que recopila 45 propuestas ciudadanas.

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Estación de metro del Poblenou con letreros en contra de los precios de los alquileres

La importancia del nuevo acuerdo se reflejará en la ejecución de los tramos restantes. Según el Ayuntamiento de Barcelona, actualmente sólo el 25% de lo dispuesto en el proyecto original se ha construido, el 25% se encuentra en proceso de construcción, el 22% continúa planificado y el 28% restante se encuentra suspendido a raíz de la crisis económica que golpeó España en 2008. Una encuesta de 2018 realizada por la administración mostró que la percepción y conformidad de los vecinos con el 22@, de 0 a 10, era de 5.

Pere Mariné, vecino del Poblenou desde hace 30 años y vocal de la asociación de vecinos, define los acuerdos alcanzados en dos puntos esenciales. Primero, se va a detener la concesión de licencias hoteleras y de pisos de alquiler con fines turísticos en el Poblenou. Segundo, el ayuntamiento se ha comprometido a la construcción de vivienda social con el fin de dar respuesta a la crisis inmobiliaria.

Parece que todos los vecinos coinciden en la gravedad de la crisis inmobiliaria. Basta con escuchar durante unos breves minutos las conversaciones en la Rambla del Poblenou, o con ver las pintadas en las obras. “Fuera especuladores” yStop hotels son algunas de las frases recurrentes. Isabel Fernández y Mireya López, vecinas del Poblenou, coinciden en que la situación es insostenible, pues son las parejas jóvenes las que han tenido que marcharse. Maribel Puentes asegura: “Para mí el problema no son los precios, sino que ha llegado gente que está dispuesta a pagarlos, entonces los dueños ya no se sienten obligados a bajar los precios. Existe mucha especulación y los salarios no son suficientes. Aquí viene mucho extranjero con dinero que sí está dispuesto a pagar.”

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Pintada por la construcción de un hotel en la calle Pujades

Por su parte, Mariné sostiene: “La zona 22@ se ideó en su momento para empresas de servicios y tecnologías, pero -y no sé si lo proyectaron así- permitía también la construcción de hoteles. Los hoteles se convirtieron en la actividad prioritaria en muchas manzanas por el crecimiento del turismo y la crisis económica”. A pesar de ello, en las rondas de balance del 22@ dispuestas por la administración, el profesor Esteve Dot señaló: “El uso del suelo con fines residenciales es predominante en el distrito de Sant Martí, tanto en los periodos del 2002 a 2008, momento en el que se vivió el mayor cambio, como entre 2009 y 2017, un momento menos intenso del 22@.”

Para Dot, “es cierto que desde el 2013 los precios de la vivienda en el Poblenou han aumentado, pero también ha aumentado la renta per cápita de los habitantes”. Mariné no coincide con dicha apreciación, pues para él, el aumento en la riqueza de la población sólo ha ocurrido en la medida en que quienes no pueden sostener los precios locales han migrado. Para la asociación de vecinos se trata de una suma de conflictos que la administración no supo regular. “Se sumaron los apartamentos que se dedicaban a pisos turísticos. Los espacios que había se los pillaron hoteles u oficinas y vinieron trabajadores de otras partes de Europa con alto poder adquisitivo a trabajar a esas oficinas. El resultado: No hay vivienda para todos”, revela Mariné.

Ambas partes coinciden en que el Poblenou es un barrio ideal debido a la disponibilidad del espacio que no ofrecen otras lugares de la ciudad. Sin embargo, para Dot ocurre algo positivo: “A diferencia de los que sucede en zonas periféricas, donde no hay urbanización, en el Poblenou se ha producido un fenómeno que es el de la gentrificación, que incluye un cambio poblacional, un cambio en los precios y una transformación de la parte económica en referencia al tejido comercial.” Al igual que otros vecinos, Mariné ve en este cambio un problema: la desaparición absoluta de un barrio que existía mucho antes del 22@.

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