La huella más difícil de borrar del turismo

Texto y gráficos de Marcela Aguilar Arguedas

Para el año 2012, Barcelona Turisme, la entidad oficial para promocionar y dinamizar la oferta turística, cultural y comercial de la ciudad, reveló un estudio sobre la cantidad de gases de efecto invernadero que producían las actividades turísticas en Barcelona. Estos gases son generados a raíz de la actividad del ser humano, los cuales contribuyen a la toxicidad de la atmósfera. Por lo tanto, aceleran el calentamiento global. El resultado del estudio mostró que en el año 2010 se produjeron unas 550 toneladas de CO2 (dióxido de carbono), que representa el peso de unos 110 elefantes asiáticos adultos.

El turismo a nivel mundial mueve aproximadamente a 1,322 millones de personas, según datos del 2017 de la Organización Mundial de Turismo. A pesar de que la industria mueve unos 1,4 billones de dólares, este no es el dato más llamativo. Según un reciente estudio realizado por la Universidad de Sídney, la ola de contaminación que trae la marea del turismo es mucho más alta de lo que se creía. El resultado de la investigación muestra que la huella de carbono de la industria del turismo es de un 10%, cifra que supera a la registrada por la industria ganadera, que es de un 9% y a la de la industria de coches que  varía entre el 8% y el 10%. La huella de carbono es el nombre que se le da a la cantidad de gases de efecto invernadero que produce una actividad en específico.

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Gráfico de cuántos gramos de CO2 produce un turista.
Datos del 2010.

Del 10% de aporte a la huella de carbono mundial que realiza la industria del turismo, la mayor contribución se da por culpa de los viajes aéreos. Según datos de la Agencia Federal del Medio Ambiente en Alemania, se responsabiliza al tráfico aéreo del 5% del efecto invernadero mundial. Queda justificado porque el funcionamiento de los aviones utiliza toneladas de combustibles fósiles y una vez que están en el aire producen gases tóxicos como lo son el CO2, dióxido de azufre (SO2), Óxido de Nitrógeno (NO2), entre otros. Otro contribuyente importante a ese 10% son los aires acondicionados y los calefactores, principalmente en los servicios de hostelería y restauración, ya que tienen que garantizar una temperatura adecuada para el turista.

Por su parte, según datos del Ayuntamiento de Barcelona, la ciudad recibe actualmente al año aproximadamente 15 millones de turistas. Si se empezara a realizar el cálculo con los datos mencionados anteriormente y la cantidad de turistas que recibe Barcelona al año, los resultados serían muy negativos. A pesar que han pasado ocho años del estudio, los resultados de la medición de la huella de carbono continuarían siendo desfavorables para Barcelona.

¿Qué se puede hacer para minimizar los efectos de la huella de carbono?

Aunque esta parece ser una pregunta que se responde con las 3 erres -reducir, reciclar, reutilizar- los gobiernos de las grandes ciudades han elegido el Impuesto al Turismo Sostenible como respuesta. Este ha llegado a ser una suerte de consuelo. Su principal fin es generar un fondo con el cual se puedan buscar alternativas para el turismo sostenible. Tanto la Dra. Arunima Malik como el Dr. Ya-Yen Sun, participes del estudio de la huella de carbono de la Universidad de Sídney, concuerdan en que a pesar de que no se logran revertir los daños ya ocasionados al ecosistema, “se logran concretar planes para amortiguarlos y buscar mejorar”. Sin embargo, agregan, “esperamos que en un futuro cercano el turismo sea parte de las negociaciones del cambio climático”.

Cataluña cobra este impuesto desde el año 2012. Un mejor ejemplo de la aplicación de este tipo de tributo son las Islas Baleares. En estas, lo llaman la ecotasa y la aplican desde el 1 de julio del 2016. Su principal objetivo es compensar el impacto territorial y medioambiental del turismo en las islas. Las ganancias recaudadas con este impuesto sirven para invertir en turismo sostenible: patrimonio histórico, investigación científica, formación, ocupación y alquiler social. Por tanto, el turismo termina financiando proyectos de mejora ambiental y social.

El turismo es una importante fuente de ingresos económicos para muchos países y pretender limitarlo podría significar un agravio para muchos sectores. Sin embargo, los números no pueden continuar siendo ignorados, pero esto no será sencillo. Entre los países que encabezan la lista de más contaminantes están Estados Unidos, China y Alemania. Las tres potencias habían decido luchar contra el cambio climático y firmar el Acuerdo de París del año 2015. Pero en 2017, Donald Trump, actual presidente de Estados Unidos, tomó la decisión de salir del pacto por razones económicas, hecho que significó un golpe bajo para la conservación del planeta.

**Las imágenes utilizadas para hacer los gráficos se descargaron de

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