El Barça como reclamo y motor turístico

Domingo Sánchez

El turismo deportivo es uno de los más pujantes de Barcelona. Según el Anuario de Estadísticas Deportivas de 2014, los españoles hicieron más de dos millones y medio de viajes deportivos en los que se gastaron casi 480 millones de Euros. Más de diez millones de extranjeros gastaron más de 11.000 millones de euros en España en viajes realizados con fines deportivos ese año. Barcelona ha sido capaz de capitalizar ese flujo al aprovechar el legado e instalaciones que dejaron los Juegos Olímpicos del 92 . Desde entonces se ha convertido en una ciudad líder en organización de campeonatos europeos y mundiales de muchas disciplinas deportivas diferentes y en eventos anuales como carreras. Estas atraen a decenas de miles de runners, turistas activos, que, cada primavera, acuden desde toda la geografía nacional e internacional para las carreras de media y larga distancia.

Sin embargo, el Barça, joya del la corona del turismo deportivo en España se mueve por un turista más pasivo, el espectador de los encuentros balompédicos. El club catalán es un auténtico dinamizador económico de Barcelona y su impacto ha crecido paralelamente al auge de la marca global culé. En un estudio publicado en 2015 por la consultora Deloitte, el club genera el 1,2% del PIB de la ciudad condal (casi 760 millones de euros) y más de 15.000 empleos. Con la implementación de la reurbanización del área del club, el Espai Barça, se prevé que aumente más todavía el impacto sobre la economía y empleo, si bien este espacio urbanístico ha sufrido sucesivos retrasos por movimientos vecinales que se oponen a su concepción.

El fenómeno Barça opera a nivel nacional y según datos de la Liga BBVA, esta atrae cada jornada a turistas de al menos 19 nacionalidades, deseosos de combinar los partidos con visitas guiadas a las ciudades anfitrionas. Según esta fuente, la Liga cuenta con cerca de 3.000 millones de espectadores de audiencia mundial. Un estudio de la web de estadística deportiva Goalnomics resalta que los turistas deportivos extranjeros buscan mejores experiencias y confort que los españoles, y, por ende, están dispuestos a desembolsar más por entradas preferentes o VIP.

Los estadounidenses acaparan una de cada cinco compras internacionales de localidades del campeonato nacional español, seguido de cerca por ciudadanos asiáticos de países como Corea del Sur, Japón y China.

La consultora KPMG Sports realizó un estudio del impacto socio-económico del fútbol profesional en España y constató que el deporte rey es, tras el turismo, el principal contribuyente a la Marca España, por delante de la cultura.

En cada partido del campeonato doméstico ente centenares y miles de turistas extranjeros se congregan al Camp Nou. Los partidos entre los grandes de la Liga y las eliminatorias de Champions League son los platos fuertes de la temporada para el público foráneo. En la temporada 2017/18 el número promedio de espectadores en el coliseo blaugrana se ha reducido a menos de 70 mil cuando en la previa las cifras rondaban los 80 mil. Según la prensa especializada, esta caída se ha relacionado con el impacto económico causado por el Procés. Sin embargo, este descenso ha de entenderse dentro de una tendencia de visitantes muy alcista en la última década.

Cada año visitan 2 millones de personas  –la mayoría extranjeros- el museo del Barça, nombrado Josep Lluís Núñez en honor al longevo expresidente del club recientemente fallecido. Estas cifras lo convierten en el tercer museo de España en afluencia tras el Museo del Prado y el Reina Sofía y compite por la hegemonía de los museos catalanes con la Casa- Museo de Dalí en Figueras. Los visitantes y de recaudación se habían disparado cada año hasta el 2017, año del referéndum independentista. Los dos hechos claves del auge son, en primer lugar, los triunfos deportivos cuyos trofeos se exponen en sus vitrinas. El museo también muestra paneles con los valores e historia de un club que es més que un club. El segundo impulso sucedió con la instauración de la Camp Nou Experience que permite conocer los entresijos de los espacios de prensa y de vestuario del primer equipo.

Dentro de estos turistas en pos del show del balón hay dos grupos: por un lado, los de alto nivel adquisitivo interesados en el fútbol como hecho global, capaces de pagar ingentes cantidades de dinero por vuelos y entradas para partidos especiales. Quieren presumir de haber visto jugar a Ronaldinho, Xavi, Iniesta, Neymar y sobre todo Messi.  Por otro lado están los futboleros de toda la vida, acostumbrados a peregrinar a canchas del planeta fútbol, incluso a los campos más inmundos en países recónditos. Anhelan el fetichismo de ligas y derbis exóticos. Entre estos últimos se encuentra Gaby Kolkin.

El hombre que pudo ser Messi y prefirió ser Busquets

Gabriel Eden Kolkin (Rishon le Zion, 1980) es un ciudadano israelí de origen uruguayo residente en Barcelona. Tiene dividido el corazón entre el Maccabi de Haifa y el FCB. En 2003 llegó a Barcelona sin apenas dinero y con mucho afán de aventura y ganas de prosperar.  “Me dije dónde ir desde Israel y estuve dudando, finalmente elegí Barcelona porque era un fan del Barça. Entonces no sabía nada de Barcelona. La primera vez que oí catalán, no supe qué idioma estaban hablando”. En los siguientes años su capacidad para hablar idiomas y su desparpajo con los negocios le llevó a controlar el departamento de incoming de un turoperador local. Durante esos años aprendió el oficio y amasó una agenda de contactos de diferentes países para los que gestionaba todo tipo de servicios turísticos. La crisis económica le llevó a perder su empleo por lo que empezó a aguzar el ingenio para salir adelante. Un día, unos conocidos le pidieron que les gestionara unas entradas para asistir en directo a un partido del Barça. Valiéndose de sus contactos, lo gestionó sin mayor problemas y recibió un ingreso inesperado. Un Barça de leyenda estaba naciendo y de la mano de aquél Barça de Rijkaard se generó una creciente expectación y demanda de fútbol de calidad en el mercado internacional. Las etapas de Guardiola y Luis Enrique en el banquillo potenciaron la tendencia que alcanzó cifras astronómicas con el encumbramiento de Messi como ídolo global. Gaby Kolkin se dio cuenta de la oportunidad del negocio deportivo en torno al F.C.B. y al fútbol en general y prontó empezó a vivir de los ingresos proporcionados por ese nicho de mercado. Junto a su esposa creó Tiki Taka Travel Services, una agencia de viajes que entre sus productos se ha especializado en gestión de paquetes deportivos -sobre todo del Barça en el Camp Nou- y a nivel internacional -con predilección por el mercado judío-.

El empresario de éxito que planifica los sueños futbolísticos de tanta gente, sabe que podría expandir su negocio atrayendo a turistas de más países al Nou Camp. No ignora que esa larga y rápida galopada por la banda le supondría dar un salto cualitativo. Bastaría driblar a lo Messi a unos cuantos defensas, llegar a la meta y lograr un tanto para la agencia. Pero también le expondría a una cantidad de dinero y estrés astronómicos. Y ahora que ha sido padre, prefiere esperar atrás, mantenerse en segundo plano, como Sergio Busquets, ese centrocampista defensivo que hace jugar al equipo y feliz a mucha gente mientras pasa desapercibido. Ese pivote que aplaude los goles de Messi desde decenas de metros. Desde la misma distancia en que los turistas de Gaby Kolkin corean a sus ídolos.

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