Una marea que ahoga al barrio marinero

Son las nueve de la mañana y tres turistas italianos pasean desnudos por La Barceloneta. Entran a una tienda regentada por un pakistaní y este les echa del local a gritos. Pasó en el 2014, pero historias como estas son recurrentes en La Barceloneta. “Es que ya no puedes ni caminar con los niños tranquila. Aquella vez que estaban estos tíos desnudos y borrachos eran las 9 de la mañana”. Comenta Bruna Núñez, madre de una niña de 10 años.

Texto y fotografías Marcela Aguilar Arguedas

La marea de jóvenes extranjeros en busca de aventura y fiesta llega año tras año al litoral de Barcelona. Aunque la ciudad siempre ha sido cuna del turismo mundial, los vecinos no agradecen el desenfreno con el que estos turistas vienen a vivir sus fiestas. Es por lo que muchos de ellos se han organizado para protestar en contra, la mayoría de las veces sin éxito.
Este no es un hecho aislado. Con los años se ha vuelto común observar personas que caminan semidesnudas por la Calle Joan Miró o encontrarse con turistas que después de una borrachera han decido dormir en plena vía pública y ‘amanecen’ allí. “Esta gente viene y cree que puede hacer aquí lo que le da la gana, y mira, no. Nosotros estábamos aquí primero, somos un barrio de gente buena”, comenta con disgusto María Amparo que lleva 56 años de vivir en La Barceloneta.

Secuelas que dejan las noches de fiesta.
Secuelas que dejan las noches de fiesta en la playa de La Barceloneta.

Los vecinos han decido organizarse en diferentes asociaciones, Pedro Servilla, vecino del barrio, explica que buscan “no perder lo que es nuestro” refiriéndose al barrio. El mayor problema es el aumento de precios de los pisos, según una investigación realizada por el INE (Instituto Nacional de Estadística), la renta ha aumentado alrededor de un 9% en los últimos años. Servilla responsabiliza a los pisos turísticos del aumento, “nosotros no nos podemos dar el lujo de pagar esos precios de alquileres ¿Pero quiénes son los que no tienen problema en pagarlo? Los extranjeros. No saben el daño que nos hacen”. Con la llegada de aplicaciones como Airbnb los dueños de pisos en La Barceloneta optan por alquilarlos a extranjeros desde la aplicación, en lugar de alquilarlos a una familia del barrio. Este fenómeno ha provocado que cada vez más familias tengan que abandonar La Barceloneta.

En cuanto a este problema el gobierno de Ada Colau no les ha respondido como quisieran. “Nosotros hemos identificados cientos de pisos turísticos, llevamos las listas a las oficinas de la municipalidad, nos dicen muchas gracias y ahí queda”, cuenta Eustaquio Hernández, que ha sido parte de diferentes asociaciones vecinales.

Sin embargo, bajo otra perspectiva, Lourdes López, líder vecinal de la Asociación de la Ostia, añade: “No es que nosotros no queremos al turismo, entendemos que es necesario. Pero que no vengan a hacer a nuestro barrio lo que no les dejan hacer en sus países”. Su visión es un poco más abierta que la de otros vecinos, y a pesar de que la ineficiencia del gobierno de Colau ha creado un ambiente de inestabilidad política, López asegura otra cosa. “Con Colau hemos hablado. Agradecemos mucho el proyecto de  vivienda social, eso nos beneficiará. Ahora lo que estamos negociando es la no renovación de las licencias de algunos de los bares, que vencerán pronto, pero claro, todo dependerá de los resultados las próximas elecciones”.

Los turistas se encuentran con diferentes clubes ambientados.
Los turistas se encuentran con diferentes clubes ambientados, como lo es Catwalk, dedicado a los espectáculos eróticos y de comedia.

El atractivo de La Barceloneta para los turistas es su cercanía al mar, aquella cercanía que años atrás había convertido a este barrio en un barrio marinero. “Yo soy pescador porque mi padre era pescador, mi abuelo también y hasta mi bisabuelo. Por eso es que yo soy de aquí de La Barceloneta”, cuenta Vicente Bonaser y agrega, “antes este era un barrio cerrado, no entraba nadie y mira ahora en lo que nos hemos convertido”. A lo que hace referencia Bonasera, es a la situación que vivían años antes de las Olimpiadas de 1992. Este evento abrió las puertas de La Barceloneta al mundo al popularizar su fama.

Conforme pasan los días, las temperaturas se empiezan a elevar y el sol comienza a mostrar sus primeros rayos anunciando la llegada del verano. Para los vecinos de La Barceloneta  esto significa la llegada en masa de lo que denominan como turismo basura o turismo de borrachera.

Ese es el momento del año en el que mayor cantidad de jóvenes, casi llamados por un tipo de señal, se conglomeran en el litoral de Barcelona para empezar sus tradicionales noches de desenfreno. A pesar de no ser un fenómeno nuevo, aún no han encontrado forma de detenerlo o reducirlo. Mientras los turistas se alistan con sus mejores galas para salir de fiesta por La Barceloneta, los vecinos alistan sus carteles y megáfonos para ir a manifestarse en contra de esta marea sin freno.

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